China, China Hoy

Cómo China puede cambiar el juego del cambio climático

Por Zack Beauchamp, ThinkProgress.org

En días recientes, el gobierno chino dio un paso crítico para poner un tope a la cantidad de dióxido de carbono que se emite diariamente. Esa es una decisión importante, especialmente cuando este modelo económico (chino) es el que se está aplicando a todo el país. Dependiendo de qué tan apretado sea este tope, será el problema en sí: China es el mayor emisor y el de más rápido crecimiento en el mundo. Sus ciudadanos ya están sufriendo las consecuencias.

Pero el impacto de la decisión de China podría ser aún más amplio. Recordemos que el cambio climático no es un problema local sino que abarca a la estructura política internacional.

El cambio climático es un asunto internacional

Que el cambio climático es un asunto principalmente internacional debería ser obvio. Aunque las emisiones de CO2 han caído 13 por ciento desde el 2007, en América, se ha alcanzado ya 400 partes por millón de CO2 en la atmósfera – un nivel anterior llegó hace varios millones de años, cuando la Tierra era aproximadamente 14 grados Fahrenheit (-10 ºC) más caliente de lo que es hoy. Eso es en parte porque no sólo los E.U. no han reducido sus emisiones lo suficiente, sino porque el resto del mundo ha incrementado la quema de carbón. A nivel mundial, emitimos al menos 48 por ciento más de lo que hicimos en 1992.

La cuestión de cómo detener esta tendencia destructiva generalmente se plantea en relación con esa reunión o iniciativa específica: ¿qué se va a lograr  en Bonn? ¿Cómo podemos cumplir con el marco de Kioto? Cabe señalar, que para que la agenda climática mundial tenga éxito en cualquier sentido específico, esta depende de cuestiones más profundas que una política internacional de “permisos”. ¿Son los estados capaces de cooperar para reducir las emisiones, dadas las realidades de esta política internacional? ¿Por qué no habrían de cumplir? ¿Qué podría hacerse para que se comprometieran y cumplieran?

Hay una tonelada métrica de investigaciones sobre estas cuestiones. Estoy seguro de que me tendrán paciencia amables lectores, mientras trato de simplificar este punto enormemente.

En términos generales, es útil pensar en el régimen climático internacional en tres partes: el poder, las ideas y las instituciones.

El poder:

El poder es la capacidad tanto de los Estados, las empresas y otros actores para conseguir lo que quieren – pensar en cómo la administración Bush ejerció su influencia económica estadounidense para debilitar el Protocolo de Kyoto, es un ejemplo de cómo el poder determina quién es la mayoría y decide sobre cualquier acuerdo climático es decir, de cómo terminará el acuerdo en la práctica, o mejor dicho, cómo los intereses terminan reflejándose en la práctica.

Las ideas:

Las ideas son las creencias básicas que determinan, a veces es independiente de intereses, lo que los estados creen acerca de los problemas ambientales. Un buen ejemplo de ello es la forma en que el informe del IPCC de la ONU ayudó a convencer a la comunidad internacional que el cambio climático es una amenaza real que tenían los países hacer frente. Las ideas son importantes porque establecen los términos del debate internacional sobre el clima, en temas como la urgencia de un cambio climático, el financiamiento, los costos para su solución, qué tipo de opciones de política son los más adecuados para la mitigación de sus efectos  y finalmente si todo el mundo puede estar de acuerdo con ellos.

El poder y las ideas no son conceptualmente independientes en un sentido puro. Los actores poderosos pueden ayudar a determinar cuáles son las ideas que van a triunfar y las ideas pueden cambiar lo que los actores poderosos quieren. Pero, pensar en ellos como términos diferentes es útil para hablar de cómo el mundo produce la tercera pata del trípode internacional climático.

Las instituciones:

Las instituciones son las estructuras concretas que los Estados ya sea explícita o implícitamente han establecido para remodelar colectivamente su comportamiento ambiental, el Protocolo de Kyoto es el ejemplo obvio, pero el derecho internacional del medio ambiente y los acuerdos comerciales sobre la tecnología verde también cuentan. Las instituciones se ubican en el cruce del poder y las ideas, ya que están creados por esas interacciones. Nosotros no dispondríamos de un marco internacional de emisiones si los estados no hubiesen creído que el cambio climático era un problema grave, sin embargo, no sería tan débil como lo es actualmente, si los Estados Unidos no hubiesen utilizado su poder para rotular en ella.

La posición de China es única

El potencial de China para cambiar las instituciones internacionales sobre el clima es único, debido a su fortaleza en términos de poder y de su particular papel idiosincrásico en el mundo. Al ser el mayor emisor del mundo y la segunda economía del mundo, China puede paralizar cualquier acuerdo climático simplemente votando a favor o en contra, lo que significa que cualquier acuerdo que espere reducir las emisiones, debe atender a los intereses chinos.

Si su decisión de reducir las emisiones de carbono a nivel nacional señala que apoya un régimen de emisión de carbono acorde con la expectativa internacional, algo que ha sido reacio hacerlo por razones económicas nacionales, Beijing podría tener mucha influencia y de gran importancia para ayudar a empujar al mundo hacia una acción más sólida. Por otra parte, esto sería un socavamiento a Estados Unidos cuya principal excusa es: ser un palo en el barro global sobre los acuerdos climáticos.

China puede ser también capaz de ayudar a difundir la idea de que la acción sobre el clima global no es sólo un juego de hombres ricos. Aunque China es un país de rentabilidad media para los estándares globales per cápita, todavía sufre de la pobreza masiva e históricamente, fue víctima del colonialismo occidental. Un gran obstáculo para la acción climática, según J. Timmons Roberts y Bradley C. en el documento Parks, ha sido la percepción de injusticia entre el “Sur Global” y el “Norte Global”.

La contaminación del aire en Beijing muestra el impacto sobre el medio ambiente y el clima (? ? / Flickr)
La contaminación del aire en Beijing muestra el impacto sobre el medio ambiente y el clima (? ? / Flickr)

El marco actual permite a los países históricamente más pobres emitir prácticamente sin restricción “emisiones” en parte porque hay una creencia profundamente arraigada de que el propio Occidente es quién emite debido a su “riqueza”. Las emisiones de gases de efecto invernadero comenzaron junto con la Revolución Industrial, justamente cuando los países occidentales tuvieron avances económicos y tecnológicos significativos, tales que les permitieron colonizar al resto de otros países. La acción de las potencias occidentales no son suficientes por si solas como para detener un calentamiento catastrófico sin la acción de los países en desarrollo – en particular China y la India – por lo que es necesario que haya un sentido de “compra” para el régimen climático emergente entre potencias no occidentales. Una acción agresiva de China no es suficiente por sí misma, pero sería sin duda un comienzo.

En conjunto, la influencia de China y el perfil histórico podrían permitir una reforma de las instituciones para con el clima en las negociaciones del 2015 debido a que son de suma importancia para actualizar el régimen jurídico internacional vigente de emisiones, en particular el aumento de las emisiones de los países desarrollados. Anteriormente, China había sido un alerón, más que un facilitador – no hay evidencia, por ejemplo, que China y los E.U. cooperaran para frustrar las iniciativas de regulación europeas durante las conversaciones de Copenhague del 2009. Era de China cambiar el rumbo con el propósito de integrar el carbón doméstico al régimen de los límites y tratados del sistema de comercio mundial, las perspectivas de éxito para el año 2015 se ven brillantes.

¿China implementará cambios significativos?

Sería un error leer más de esta especulación, como si fuese una predicción. Para empezar, todavía no sabemos cómo será el tope propuesto por parte de China e incluso si va a ser implementado o no. Una restricción a los acuerdos muy laxa sería algo como si China se preocupara por el cambio climático, mientras que la realidad señala que este preferiría no hacer nada. Por otra parte, si a China no le gusta la forma en que sus normas son (por ejemplo) afectadas para un crecimiento económico, las regulaciones nacionales serían en un tono duras, es decir, con una oposición de Beijing a un sistema global e incluyente.

China también no puede fijar la política interna estadounidense. Incluso los eruditos como Robert Falkner, quién es relativamente optimista sobre el potencial de las ideas ambientalistas para un estado más verde, piensa que Estados Unidos juega un papel fundamental en la definición del consenso mundial del medio ambiente debido a su posición política hegemónica. Puesto que la posición estadounidense sobre cualquier acuerdo final está determinada tanto por el Congreso como por el Presidente, el régimen climático global en gran parte depende de los caprichos de los republicanos en el Congreso. En resumen, la posición del Congreso sobre el cambio climático, tiene muy poco que ver con las decisiones económicas chinas.

Sin embargo, las medidas de China hacia los límites reales de las emisiones climáticas podrían representar un cambio tectónico en algunos factores estructurales muy básicos que configuran la política internacional del cambio climático. Esta es una perspectiva que vale la pena tomar muy en serio.

Con el permiso: ThinkProgress.org

Fuente del artículo: http://thinkprogress.org/climate/2013/05/30/2057821/how-china-may-have-just-changed-the-climate-game/

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