Culturarte

¡Espero algún día experimentar un viaje en subterráneo como este! (Video)

Por Julia Cortés —

Es un día como cualquier otro en el subterráneo de Copenhague. Podría ser, incluso, el subterráneo de cualquier gran ciudad del mundo, las imágenes son una reproducción: la espera resignada en el andén de la estación, el tren que llega, la marea de pasajeros que sube al coche enceguecida, tratando de atrapar un rincón libre donde descansar durante el trayecto, ponerse los auriculares y pensar que uno no está realmente donde está; clavar la mirada perdida en algún pequeño resquicio despoblado tratando de no ver a los otros seres humanos que, a fuerza de apretones y empujones, se convirtieron en íntimos con uno, durante el fugaz pero interminable paseo.

¿Quién no lo vivió? Bueno, si tú no lo viviste quizás seas entonces uno de esos afortunados que todavía vive en lugares habitados por una cantidad aceptable de seres humanos, ocupa una casa y no un apartamento, ve verde cada vez que sale de su casa y no necesita subirse a un subterráneo atestado todos los días para ir a trabajar. ¡Dichoso tú!

Pero si vives en una gran ciudad como yo, es fácil imaginarte subiendo a este tren, tratando de hacer lo más olvidable posible el tedioso trayecto cotidiano. De repente ocurre lo inesperado: comienza a sonar una música celestial en el vagón. Al principio, tímida pero cristalina, una flauta traversa rompe la monotonía y todos comienzan a buscar la fuente de donde proviene semejante delicia. Pero antes de descubrirla, de uno en uno comienzan a sumarse más instrumentos, hasta el punto en que cada quien resulta tener un compañero de viaje-músico al lado.

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Un pasajero “dirigiendo” la orquesta con sus dedos índice (Youtube / Captura de pantalla)

 Vale la pena observar la reacción de la gente mientras te deleitas con “La Mañana”, una suite de la obra Peer Gyant, compuesta por Edvard Grieg e interpretada en vivo en esta ocasión por la Orquesta Filarmónica de Copenhague: el típico chico “a-mí-nada-me-importa” se saca los auriculares para escuchar, un señor se convierte en director de la orquesta usando sus dos dedos índices a modo de batuta, una señora con los ojos humedecidos por la emoción no logra salir de su asombro y hasta una bebé asiste silenciosa y embobada el inesperado espectáculo.

 

Afortunadamente, este tipo de acciones artísticas no son aisladas, sino que forman parte de un movimiento mundial llamado Flashmob que tiene como objetivo crear acciones grupales públicas y espontáneas con el sólo propósito de entretener. Las hay de distinto tipo, pero personalmente disfruto enormemente los musicales, como otra inolvidable actuación de la misma orquesta interpretando esta vez el “Bolero” de Ravel en una estación de trenes.

¡Espero algún día tener la suerte de vivir esta experiencia sorprendente y maravillosa! Que lo disfrutes.

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