Historias de Vida, T.Q.M.

Historias que demuestran el impacto que pueden tener las palabras

Las palabras puras del corazón incentivan a ser mejores personas (Imagen Pixabay)

Por David Jirard

¿Cuan poderosas pueden ser las palabras? Muchas veces, con sólo hablar, podemos tocar el corazón de otra persona. Las palabras correctas en el momento adecuado pueden ser suficientes para cambiar el curso de una vida.

El ladrón:

La Sra. Wong estaba trabajando como taxista cuando recogió un pasajero. Este sacó un cuchillo y amago con robarle. Ella le entrego todo lo que tenía y dijo: “Esto es todo lo que he ganado hoy. Si es muy poco también puedes llevarte las monedas de mi bolsillo”. El ladrón quedó aturdido por su franqueza. Wong continuó: “¿Dónde vives? Ya es tarde. Tu familia puede estar preocupada por ti. Te llevaré a tu casa“. Su preocupación conmovió al ladrón quien apartó el cuchillo.

La Sra. Wong explicó: “Mi familia solía vivir una vida dura, así que aprendí a conducir y me convertí en taxista. Aunque no gano mucho dinero, estamos mejor que antes. ¡Pero mírate! Un hombre con un cuerpo sano. ¿Qué no puedes hacer?! ¡Sí sigues por este camino tu vida está condenada!

Cuando llegaron a la casa del ladrón Wong le dijo mientras bajaba: “¡Escucha! No me has robado. Te di el dinero. Haz algo bueno con él y no vuelvas a robar“. El ladrón, que permaneció en silencio durante todo el viaje, repentinamente elevo la voz mientra le devolvía el dinero a la Sra. Wong. “¡Prometo que no haré esto otra vez, sin importa qué pase!” le dijo.

Como el sol, las palabras amables brillan y pueden calentar a otros para toda la vida

Durante la preparatoria, el escritor taiwanés Lin Qingxuan fue considerado un mal estudiante tanto académicamente como en su conducta. Sin embargo, su maestro Wang Yucang, nunca se rindió con él. A menudo lo invitaba a su casa para la cena y le pedía que descansara allí mientras le enseñaba, cuando Lin estaba de vacaciones.

Una vez Wang le dijo: “He enseñado durante 50 años. Puedo decir con una sola mirada que puedes ser una gran persona“.

Esas palabras conmovieron a Lin. Decidió, a partir de ese momento, trabajar duro con un propósito. Unos años más tarde se convirtió en reportero. Al final de un artículo sobre un robo, Lin comentó: “Con pensamientos tan meticulosos, habilidades tan desarrolladas y un estilo tan único, este ladrón puede hacer cualquier cosa y tener éxito!

Nunca se imagino que aquellas palabras emitidas al calor del momento tendrían tal impacto. Veinte años más tarde, ese joven [que leyó el articulo de Lin], y que había sido ladrón por mucho tiempo, cambió su vida y se convirtió en un empresario que disfrutaba de mediana fama. En un encuentro inesperado con Lin, el hombre le agradeció sinceramente: “Ese artículo tuyo iluminó un punto ciego en mi vida. ¡Me hizo darme cuenta de que podía hacer algo útil además de ser un ladrón!”

Para alguien que está a punto de tomar un giro equivocado, las palabras cariñosas y alentadoras son como una bola de fuego que proporciona calidez, confianza y autoestima. Permitiendole a las personas tener la energía para impulsarse y lograr más.

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