Historias de Vida, T.Q.M.

La relación kármica de un granjero

Un taiwanés recientemente habló sobre una experiencia que lo alarmó. Era la visión del karma de su prójimo en otra dimensión. ¡Ahora él cuenta su historia para ayudar a otros a entender la necesidad de ser buenos, y no solo para otras personas, sino para todos los seres vivos!

Todo comienza con el vecino de Chan quién era un viejo granjero. Él solía secar al Sol sus cultivos en su patio antes de guardarlos. Mientras estaban allí expuestos al Sol, los patos y pollos del vecindario se los comían. Esto hizo enojar al viejo granjero, al ver que su duro trabajo se derrumbaba por causa de estos animales indeseables. En su enojo, los ahuyentó con una vara. Sin embargo, reaparecerían justo en el momento en que él les daba la espalda.

He saw that the lady was living a very prosperous life in a large house on the hill with a backyard full of livestock. (Image: pixabay / CC0 1.0)
Mientras estaban tumbados allí al sol, patos y pollos del vecindario los iban a comer. (Imagen: pixabay / CC0 1.0)

Estaba tan enojado que usó una gran red de pesca para atraparlos, y cada vez que atrapaba a uno, desahogaba su ira rompiéndole una de sus piernas con sus propias manos. Todos estos animales quedaron lisiados como resultado. Al verlo usando una manera tan brutal de lastimar a los animales, los vecinos le dijeron que se detuviera. Sin embargo, el anciano no escuchó y persistía en seguir su acción.

Unos años más tarde, el viejo granjero perdió su capacidad de caminar. Sus pies se le hincharon y comenzaron a pudrirse practicamente. El dolor insoportable lo hizo gritar y gritar incontrolablemente, día y noche. Su enfermedad continuó a pesar de intentar todos los remedios y curas que pudo imaginar. Él sufrió durante seis años antes de morir.

He vowed to make her life happy the night that he first gently held his wife’s slim body in his arms. (Image: pixabay / CC0 1.0)
Este esfuerzo fútil no lo llevó a ninguna parte, y al final murió en la miseria. (Imagen: pixabay / CC0 1.0)

Muchos vecinos recordaron que el anciano en los últimos meses antes de su muerte frecuentemente gritaba y movía sus manos como si estuviera alejando a los animales. Cuando se le preguntó por qué lo hacía, él dijo porque “veía” una bandada de patos y pollos con las piernas rotas mordiéndole sus piernas, lo que le abrió la piel y la carne causándole un dolor insoportable, por lo que tenía que alejarlos. Este esfuerzo fútil no lo llevó a ninguna parte, y al final murió en la miseria.

Tranducido por Cecilia.

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