Agradecer era importante en la China antigua, veamos cómo un antiguo general pagaba la bondad - Vision-Times-en-Español
China Antigua, Inspiración

Agradecer era importante en la China antigua, veamos cómo un antiguo general pagaba la bondad

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Por Epoch Times —

En la antigua china se decía que una gota de bondad puede ser pagada con una fuente de recompensas. Hay mucho de cierto en esto.

De acuerdo con las enseñanzas de Confucio, no sólo se debe devolver la generosidad, sino también hacerlo con abundancia. En el Reglamento de Estudiantes, un texto que los niños generalmente memorizan rimando, se dice: “Pagar la bondad, olvidar los rencores; resolver rápidamente los rencores, corresponder gratuitamente a la bondad“.

Las lecciones de gratitud con frecuencia se han transmitido en la historia y el folclore chinos, tal como lo demuestra la historia de este distinguido hombre de estado.

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Han Xin, un brillante estratega que provenía de una familia pobre. (Blue Hsiao/epoch Times)

 

Han Xin: Gran tolerancia e integridad superior

Hace más de 2.000 años, unos 200 años antes de Jesús, existió un gran general llamado Han Xin, que jugó un papel decisivo en el ascenso de la dinastía Han. En su juventud, Han Xin vivió en la indigencia y sufrió muchas penalidades que templaron su carácter heroico.

Una vez, un muy hambriento Han Xin estaba en un río, intentando pescar con sus manos. Varias mujeres se encontraban allí lavando ropa, y la mayoría ignoraron al empobrecido joven. Sin embargo, una se apiadó de Han Xin y le ofreció algo de comida.

Después de tomar su comida, Han Xin dijo, “Señora, yo le pagaré totalmente”.

La señora se mostró escéptica: “Joven, ni siquiera te puedes alimentar a ti mismo. Te brindé alimento por piedad, no pienses en pagarme”.

Han Xin practicaba artes marciales y llevaba una espada. En una ocasión, mientras caminaba por las calles, Han Xin encontró un matón que le bloqueó el paso.

Buscando pelea, el matón le exigió a Han Xin que se arrastrara entre las piernas antes de continuar, o que se dispusiera a utilizar su espada. En aquel entonces, arrastrarse entre las piernas de otro era un acto increíblemente humillante, sobre todo para un guerrero.

Hubiera sido muy fácil para Han Xin cortar la cabeza del rufián y seguir su camino, pero decidió no hacerlo. Como el hombre continuó burlándose de él, se agachó y se sometió a la humillación; luego se fue, como si nada hubiera pasado.

Pasaron los años y Han Xin alcanzó la grandeza, derrotando a los enemigos de la dinastía Han y haciendo posible la creación de una gloriosa dinastía, la cual daría a la China moderna su rumbo y etnicidad.

Fiel a su palabra, Han Xin buscó a la lavandera que una vez le brindó alimento, y que ya era anciana. Él le dio una buena suma de taels de oro, que ella aceptó sólo por su insistencia.

Han Xin sabía que el acto de humillación del matón, así como el acto de bondad de la mujer, habían contribuido a su crecimiento personal, por lo que Han Xin también lo buscó a él. Le otorgó una recompensa moderada al hombre, quien al ver la magnanimidad del general, aprendió su lección y le agradeció en gran medida.

Al ver que el chico que alguna vez intimidó se había convertido en una personalidad tan distinguida, el hombre se postró ante Han Xin y le pidió perdón.

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