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Columna de Opinión: Los muchos significados de la pandemia

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Por José Pablo López

Hoy pandemia debe ser la palabra con más sinónimos y significados de nuestra lengua. Y es que a cada uno de nosotros nos pegó diferente, cada uno, desde su experiencia personal, le dio un matiz íntimo y particular que difiere de cualquier otra percepción ajena.

Percepciones

Pandemia para mí, significó no despedirme de mi madre, que dio su último aliento a más de mil kilómetros de mí y que esperaba el “fin de esta porquería” para abrazarme una última vez.

Para mi esposa, tuvo el dolor diario de ver apagarse a su padre en un medio aséptico y tras mascarillas de dudosa eficacia.

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Pero pandemia presiona mil botones distintos en cada uno de nosotros, el pánico de un hijo con algunas décimas de fiebre, la desesperación de no saber por dónde entra este “enemigo silencioso” a nuestro hogar, el indisimulado malestar de escuchar toser a nuestras espaldas, la paranoia, el miedo.

De pronto, nos levantamos un día y descubrimos que el sentido común es la mayor de las herejías, que simplemente opinar diferente puede enredarnos en discusiones bizantinas que van minando nuestras relaciones y de repente sentimos que debemos rebelarnos, aunque no tenemos claro contra qué o contra quién: todo es tan difuso y hay tantas idas y vueltas que terminamos por renunciar a lo absoluto para refugiarnos en lo relativo.

Y claro que eso suena a cobardía, a tibieza, a renunciamiento. Hemos sido testigos del triunfo de la pereza, disfrazada de solidaridad y de la mediocridad alegando por igualdad, pero jamás renunciamos a la esperanza de que llegará el día en que las brumas se disiparán y cada quién se revelará como cada cuál.

Nos convertimos en extraños en una ciudad de caras conocidas, con sus calles que engendraban soledades y el don de llorar en cada esquina.

Comenzaron a avizorarse siglos oscuros espoleados por intereses mezquinos y avaros sin alma; ganaron la apuesta sonrisas incompletas a las miradas luminosas, nos acostumbramos a adioses definitivos, tratos impersonales y saludos temerosos.

Desilusión

Así se fue mellando el deleite del encuentro y la vida se transformó en un intercambio insípido e indoloro. Nos dejamos envolver en tratados de conveniencia y le fuimos poniendo distancia a los afectos que cuentan.

Una vez más, nos desilusionamos de nuestros líderes políticos y nos horrorizamos de tanta degradación y atrevimiento. Nos encontramos pegados a la vidriera, asistiendo a la fiesta de siempre, a la que otra vez, no fuimos invitados.

Nos sentimos avasallados, humillados y perseguidos, fuimos rehenes de luchas de poder y nos mantuvimos ignorantes y ajenos mientras otros decidían por nuestras vidas y haciendas. La historia se repite y ganan los de siempre.

Y a pesar de todo, seguimos aquí, apostando por nuestros afectos y venciendo al encierro que, sin embargo, no deja de pasarnos facturas, aprendimos a mirar hacia adentro y hacernos cargo de nuestras decisiones, aprendimos que “no pude, no supe, no quise” nunca fueron excusas sino elecciones; aprendimos a ser valientes y a animarnos a la osadía de reconocernos con la voluntad intacta.

Supimos, en lo más profundo de nuestra humanidad, que a los sueños no se renuncia, que la solidaridad es una herramienta poderosa y que las ruinas existen para el renacimiento.

Sin rendirse

Aún extrañamos los abrazos fuertes de los amigos, la risa espontánea sin tapabocas ni cortapisas y ese milagro no reconocido de regresar al hogar, después de un día de trabajo y reconocer la felicidad silenciosa tras ese reencuentro cotidiano.

Todavía no nos resignamos a entregar las últimas banderas, aún persistimos en la trinchera, soportando las inclemencias de una realidad que nos atenaza, las frustraciones que nos paralizan y el miedo que no cede.

Aún estamos de pie los que creemos, los que soñamos, los que nos arriesgamos; todavía no pudieron con nosotros los poderosos amos de lo material, ni horadaron nuestra voluntad de mantenernos firmes, orgullosos, crédulos y humanos.

Tampoco pudieron callarnos a quienes nos embriagamos de utopías y a quienes nos conmueve una puesta de sol. Aún daremos batalla quienes albergamos un corazón intacto, invencible que reverbera emociones y late esperanzas.

Pandemia ciertamente tiene tantos sinónimos y significados porque incluye cada rasgo de la naturaleza humana, que se alza victoriosa, tras la peor agonía y es capaz de recitar un poema con el último aliento.

Para cada uno de nosotros esta pandemia despertó sensaciones aletargadas y tal vez, si le concedemos la oportunidad a la magia, encontremos nuestra verdadera esencia, ese yo íntimo y personal que nos diferencia de cada uno de nuestros vecinos, pero a la vez, estrecha vínculos que van más allá de nuestra propia existencia.

¿Quién sabe?  Tal vez sólo estemos naciendo a una Vida Nueva… (Génesis 3:16).

Sobre el autorJosé Pablo López, 57 años, Doctor en Geología, investigador y profesor de la Universidad Nacional de Tucumán, entusiasta difundidor de las Ciencias de la Tierra en ámbitos no académicos y escritor amateur en sus horas de ocio.

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