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Código masculino tradicional: quejarse y explicar

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Actualmente, una sección creciente de la sociedad depende de sospechosas publicaciones de Instagram, memes de Whatsapp y terriblemente superficiales clips de TikTok,  para comprender lo que se requiere de un hombre para ser considerado como un engranaje aceptable en la maquinaria social cotidiana.

Algunos de los rasgos “masculinos” estereotipados incluyen ser:

  • Implacablemente confiado,
  • Un proveedor constante,
  • Protector del débil,
  • Perenne solucionador de problemas,
  • Amante apasionado y
  • Un ancla de apoyo en tiempos estresantes.

En el mundo moderno de hoy, atribuir estos rasgos sólo a los hombres lo etiquetará como políticamente incorrecto.

Hoy, tenemos más que una buena cantidad de ejemplos para demostrar que las mujeres son perfectamente capaces de asumir, o al menos compartir, las responsabilidades de un hombre.

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El hombre moderno acepta felizmente este cambio de paradigma como un signo de la evolución de las normas sociales.

Dicho esto, aún quedan algunas virtudes tradicionales que los “hombres buenos” están programados para mantener incluso ante estos cambios, conjuntamente con una pareja que realmente debería dejar ir.

Quejarse es countraproducente

Son varias las razones por las cuales las quejas constantes hacen que un hombre sea indeseable, pero todo se reduce a un punto esencial, las quejas te hacen parecer débil.

La postura ideal para un hombre en tiempos de desafío y sufrimiento es estar tranquilo, fuerte y silencioso, empujando hacia adelante hasta que encuentre la solución.

Sin duda, tomar una evaluación objetiva de los factores negativos en una situación es una cosa, pero gemir y quejarte de tu situación solo envía una vibra negativa y te convierte en parte del problema en lugar de la solución.

Quejarse constantemente te hace parecer débil. (Imagen: vía pixabay / CC0 1.0)  

 

“No hay nada de malo en ser consciente de la dificultad de una situación, pero en el mismo micro segundo que decides ceder y quejarte de tu lucha has elegido creer que eres una víctima y no un vencedor”,

señala themaneffect.com

Además de la negatividad, el aspecto más perjudicial de las quejas crónicas es el impacto que tiene en tu propia psique.

Te excluye del espacio creativo que facilita el perfeccionamiento de tus habilidades para resolver problemas. Cuanto más te quejas, menos productivo te vuelves.

Atraes a personas como tú. La forma más fácil de prepararte para el fracaso es rodearte de personas desmotivadas que han perfeccionado el arte de pasar la culpa y jugar la carta de la víctima en el instante en que una situación se desvanece.

Al mantener una perspectiva positiva y avanzar en situaciones difíciles, mejoras tu influencia y construyes una red de personas fuertes e ingeniosas que contribuyen positivamente a tu comunidad.

Dar explicaciones

De acuerdo con artofmanliness.com:

“Preocuparte por lo que piensa alguien fuera de tu círculo de respeto, es dejarte llevar a su nivel”.

Esta es una de las reglas cardinales que un hombre confiado debe cumplir en todo momento.

Las razones no varían mucho de lo que se mencionó anteriormente. Cuando te explicas a alguien, hay un cambio de equilibrio de poder que te pone en un terreno inestable.

Ahora, por supuesto, definitivamente hay situaciones en las que es perfectamente normal y, a veces, absolutamente necesario que te expliques.

Estas instancias incluyen cuando tu superior te pide que respaldes algo que hiciste con una explicación profesional viable; y cuando ha habido un malentendido entre tu y un ser querido en tu familia o alguien que consideras en tu círculo íntimo de confianza.

Da una explicación cuando ha habido un malentendido entre tu y un ser querido en tu familia. (Imagen: vía pixabay / CC0 1.0) 

 

Estos son escenarios en los que puedes sentirte obligado a arreglar las cosas para que tu entorno de vida o profesional se mantenga saludable y se mantenga el status quo.

En esta época, donde las redes sociales han dado poder a todos con una opinión y una señal WiFi razonablemente buena, es fácil quedar atrapado en un círculo vicioso de arrepentimiento y explicaciones.

Esto es especialmente cierto para los profesionales creativos. Nunca es una buena idea responder incluso a personas aleatorias que te atacan en plataformas públicas por expresar una opinión o presentar tu trabajo.

Cuando se explica a esas personas, se establece la noción de que careces de confianza en tus acciones o trabajo creativo.

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