El joven monje que aprendió a ser humilde como una flor
China, China Antigua

El joven monje que aprendió a ser humilde como una flor

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Ser humilde: El estaba impaciente, vanidoso, y centrado en sí mismo. El maestro pensó en la situación por un tiempo y decidió ayudar al pequeño monje para cambiar sus caminos.</strong> (Imagen: Pixabay / CC0 1.0)</em>
Ser humilde: El estaba impaciente, vanidoso y centrado en sí mismo. El maestro pensó en la situación por un tiempo y decidió ayudar al pequeño monje para cambiar sus caminos. (Imagen: Pixabay / CC0 1.0)

Por Yi Ming

Había una vez un joven sin hogar que fue a un templo donde por fortuna fue aceptado. Después de tomar un baño y afeitar su cabeza, se veía bastante atractivo.

El maestro del templo se hizo cargo de él y le enseñó las lecciones básicas. Él era bastante inteligente y diligente y pronto el maestro le permitió leer las escrituras.

Sin embargo, este pequeño monje tenía unos hábitos molestos. Cuando aprendía algunas palabras de las escrituras las escribía en el jardín y sobre las paredes. Además, cuando se iluminaba sobre algo, alardeaba de ello ante el maestro y los otros monjes. Estaba impaciente, vanidoso y centrado en sí mismo.

El maestro pensó en la situación por un tiempo y decidió ayudar al pequeño monje a cambiar sus hábitos. Un día, el maestro le dio al pequeño monje una maceta con flores de primavera para que las pudiera observar durante la noche, cuando estaba de servicio.

(Image: Pixabay/CC0 1.0)
Un día, el maestro dio el pequeño monje una maceta de flores de primavera para que las pudiera observar durante la noche, cuando estaba de servicio. (Imagen: Pixabay / CC0 1.0)

A la mañana siguiente, el pequeño monje cogió la maceta de flores y corrió hacia el maestro. Dijo en voz bien alta para que el maestro y otros monjes escucharan:

“La maceta de flores que me dio fue absolutamente maravillosa.  Se abrieron por la noche y olían tan bien, y por la mañana cerraron sus pétalos”.

El maestro respondió gentilmente: “Cuando se abrieron por la noche, te despertaron?”

“Oh, no, maestro, fue muy silencioso cuando se abrieron y cerraron”, respondió el pequeño monje.

“¿Ah, entonces es así? Pensé que florecer, harían mucho ruido para mostrarse”, dijo el maestro con voz suave.

El pequeño monje se quedó en silencio durante unos segundos antes de responder con una expresión embarazosa: “Maestro, entiendo ahora, y prometo corregir mis defectos”.

Traducción y edición por David Clapp y Karina Rubio.

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