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Guerra Fría 2.0 – Tres claves de la nueva visión de EE.UU sobre China

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安德思在台灣 Andrés en Taiwán

En las últimas cuatro décadas, con la seducción por la “apertura del gran mercado de compradores chinos”, el régimen comunista chino ha logrado captar capital del mundo entero, acaparar industria por sus bajos costos y condiciones laborales e inundar los mercados internacionales.

Ha generado intereses al punto que los países, incluido Estados Unidos, le han tolerado el robo sistemático de tecnología, hackeos, infiltraciones de todo tipo y un amplio espectro de violaciones de derechos humanos en su territorio.

Convertido en un gran acreedor mundial, el régimen chino ahora es capaz de controlar organismos internacionales, meter mano en la política de los países con los que se relaciona.

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Y ha generado dependencias y relaciones económicas sumamente desequilibradas con países pobres como los africanos, países en desarrollo como Argentina, Brasil o India, e incluso los países más poderosos del mundo como Estados Unidos.

Incluso la postura nacionalista de Trump no evidenciaba un gran efecto sobre la estrategia global del régimen chino ni acompañamiento del resto del mundo.

La tendencia parecía irreversible, pero después de décadas de este círculo vicioso de tragarse diplomaticamente el pesado bagaje de efectos negativos para poder acceder al mercado chino; el gobierno de Estados Unidos, parece haber calibrado la perspectiva sobre China y, con tres claves, ha generado un efecto dominó que ha arrastrado a otras grandes potencias y está torciendo la geopolítica mundial.

Estados Unidos estaba cometiendo tres errores importantes

Primer error

El primer error es que desde que Estados Unidos estableció relaciones con Beijing en la década de 1970, Washington creyó que podría generar una democratización o una influencia positiva en China a través de dichas relaciones.

Pero la realidad ha mostrado que ha sido el régimen chino el que ha manipulado los intereses y generado una influencia impensada en Estados Unidos y en el resto del mundo.

Este simple aprendizaje ha provocado la retórica en los niveles más altos de la administración de Trump:

“Nos imaginamos que el compromiso con China produciría un futuro con una brillante promesa de cortesía y cooperación.

Pero hoy todavía llevamos mascarillas y observamos cómo aumenta el recuento de cuerpos de la pandemia, porque el PCCh falló en sus promesas al mundo. Cada mañana leemos nuevos titulares de represión en Hong Kong y en Xinjiang”.

“Si queremos tener un siglo XXI libre y no el siglo chino con el que Xi Jinping sueña, el viejo paradigma del compromiso ciego con China sencillamente no se realizará. No debemos continuarlo y no debemos volver a él”.

Lejos de limitarse a un cambio retórico, el giro en la política exterior de EE.UU ha pasado a la acción.

El gobierno de Donald Trump empezó una política de tolerancia cero a la infiltración del régimen chino en Estados Unidos, que derivó en el cierre del consulado chino en Houston por espionaje, algo impensado años atrás.

También baraja la posibilidad de prohibir la entrada al país de los miembros del partido comunista chino, ha restringido las actividades de los medios de comunicación oficiales del régimen chino en Estados Unidos y ha advertido a los gobernadores que impidan las actividades de intimidación o influencia del régimen chino en instituciones educativas de Estados Unidos y a través de los institutos Confucio.

“Abrimos nuestros brazos a los ciudadanos chinos, solo para ver al Partido Comunista chino explotar nuestra sociedad libre y abierta. China envió propagandistas a nuestras conferencias de prensa, a nuestros centros de investigación, a nuestras escuelas secundarias, a nuestras universidades e incluso a nuestras reuniones de padres y educadores (PTA).

Marginalizamos a nuestros amigos en Taiwán, que luego se convirtió en una democracia vigorosa.

Le dimos al Partido Comunista Chino, y al régimen en sí, un trato económico especial, solo para ver al PCCh insistir en el silencio sobre sus abusos contra los derechos humanos como el precio de admisión para las empresas occidentales que ingresan a China”.

“Los Institutos Confucio pretenden tener el único propósito de enseñar habilidades en el idioma mandarín y la cultura china. Un comité bipartidista del Senado descubrió en 2019 que el Partido Comunista chino controla casi todos los aspectos de las actividades de los Institutos Confucio en Estados Unidos.

En los últimos meses la Universidad de Missouri, la Universidad de Kansas y la Universidad de Maryland decidieron de forma independiente cerrar sus Institutos Confucio después de realizar sus propias revisiones. Las escuelas en otros 22 estados están haciendo o ya han hecho lo mismo”.

Segundo error

Otro de los mayores errores de la política estadounidense hacia China fue “no distinguir entre el Partido Comunista Chino y el pueblo chino”.

No hace más que unos meses atrás, los discursos de Trump apuntaban sus recriminaciones a “China”, pero Trump seguramente no sabía que, lejos de incomodar al régimen chino, alimentaba su aparato de propaganda.

Al ser una dictadura, la exitosa unificación de los conceptos de “pueblo”, “gobierno” y “partido comunista chino” en la sola palabra “China” ha sido el pilar de la propaganda para obtener legitimidad en la visión del pueblo chino.

Esa confusión instigada por el partido comunista chino también ha servido de extinguidor de las críticas generadas en el exterior, haciendo que muchos occidentales malentiendan tales críticas como “anti-China”; como si fueran contra el pueblo chino o la cultura china, cuando en realidad se dirigen al régimen dictatorial del partido comunista.

Por citar un ejemplo, en marzo de este año, el hijo del presidente de Brasil, Eduardo Bolsonaro, culpó a la dictadura china por encubrir el nuevo coronavirus diciendo:

“Una vez más una dictadura prefirió ocultar algo grave a exponerlo y desgastarse, a pesar de que hubiera salvado innumerables vidas. La culpa es de China y la libertad sería la solución”

El régimen chino aplicó esa estrategia al responder que:

“Sus palabras son un insulto maléfico contra China y el pueblo chino”

El gobierno de Estados Unidos está entendiendo esta diferencia.

“Pero nuestro enfoque no puede ser solo ser duro. Es poco probable que logre el resultado que deseamos. También debemos involucrar y empoderar al pueblo chino, un pueblo dinámico y amante de la libertad que es completamente distinto del Partido Comunista Chino”.

Tercer error

En tercer lugar, hasta el brote del nuevo coronavirus y el reciente cambio de la política exterior estadounidense, las élites políticas de ese país no habían logrado mensurar la amenaza que representa el régimen chino para el mundo, ni mucho menos identificar sus puntos débiles.

El actual cambio estratégico de Estados Unidos se basa en la percepción de que “La mayor amenaza en el mundo de hoy es el Partido Comunista Chino”.

Lo que más teme el PCCh es la difusión de la verdad y el despertar del pueblo chino, porque su gobierno no es legítimo, y por eso requiere del funcionamiento constante de su maquinaria de propaganda para sostenerse.

“La mayor mentira que dicen es pensar que hablan por 1.400 millones de personas que son vigiladas, oprimidas y tienen miedo de hablar.

Todo lo contrario. El PCCh teme a las opiniones honestas del pueblo chino más que a cualquier enemigo y, salvo por perder su propio control del poder, tienen razón… no tienen ninguna razón para ello.

Solo piensen cuán mejor sería el mundo, sin mencionar a las personas dentro de China, si hubiéramos podido escuchar a los médicos en Wuhan y se les hubiera permitido dar la alarma sobre el brote de un nuevo y novedoso virus”.

Esta nueva política exterior de Estados Unidos, catapultada por el desastre del coronavirus, ha tenido una repercusión inédita en el mundo para Trump en cuanto que ha logrado algo que hasta hace poco parecía utópico: ha alineado a varias potencias europeas, Reino Unido, Australia y países del sudeste asiático en un postura directa contra los atropellos del régimen chino en el plano internacional.

Esto incluye temas como:

  • La modificación del estatus de Hong Kong tras el avance del régimen sobre sus libertades;
  • El reclamo de una investigación sobre la culpabilidad del régimen chino por el encubrimiento del coronavirus;
  • El rechazo a las pretensiones del régimen sobre el Mar del Sur de China;
  • Denuncias más abiertas por las violaciones de derechos humanos en favor de Falun Gong, Uigures y otros grupos,
  • Negación de visado a violadores de derechos humanos del Partido Comunista China, entre otras medidas.

En conclusión, identificar la amenaza del Partido Comunista Chino para el mundo; diferenciar su dictadura de “China como país” e identificar la debilidad de su legitimidad ha sido probablemente el mayor acierto de la política exterior estadounidense de las últimas décadas.

Te invitamos a ver el vídeo original:

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