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China, China Antigua

Huang Zhong eligió la rectitud en vez de su propia vida

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“El Romance de los Tres Reinos” es una novela china que describe una época en la que un grupo de señores de la guerra dividió a China en varios estados separados y las guerras que estallaron entre ellos.

Algunos líderes eran feroces y ambiciosos, pero otros, como Han Xuan, tenían un carácter muy mezquino.

Al estar desconformes con las acciones bajas y crueles de su líder, algunas personas elegían la rectitud por sobre la lealtad. Un ejemplo típico fue Huang Zhong, general veterano que trabajaba para Han Xuan.

Cuando el general Guan Yu recibió la orden de atacar a Changsha, Han Xuan, jefe de la prefectura, ordenó al general Huang Zhong que fuera a pelear en la batalla, mientras él lo observaba desde la garita.

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Los dos hombres lucharon entre sí durante todo un día, sin que ninguno de los dos cediera terreno.

Al día siguiente, el combate entre ellos continuó durante 50 ó 60 rondas, pero aún así, ninguno de los dos bandos pudo dominar. Los dos ejércitos aplaudieron al unísono.

Con un raudo toque de tambor, Guan, levantó las riendas de su caballo y lo impulsó hacia adelante para atacar a Huang de nuevo. Huang también estaba listo sobre su caballo para defenderse.

Guan empuñó su cuchillo de mango largo y se preparó para cortar a Huang, de repente oyó un sonido detrás de él.

Al mirar hacia atrás, vio que Huang estaba cayendo de su caballo, que había tropezado. Guan inmediatamente sostuvo su caballo, levantó su cuchillo, y gritó:

-“¡Te perdono la vida! ¡Cambia tu caballo para luchar ahora mismo!”

Guan Yu empuñaba su cuchillo de mango largo preparándose para herir a Huang. (Imagen: Captura de pantalla / YouTube)

 

Enseguida, Huang levantó su caballo, lo montó y escapó a través del portal. Todavía mirando desde la garita, Xuan  sorprendido le preguntó por qué el caballo tropezó.

Huang explicó:

-“Durante mucho tiempo este caballo no ha estado en batalla, así que cometió un error”.

Xuan dijo:

-“Eres un maestro en arqueria. ¿Por qué no le dispara con flechas?”

Huang respondió:

-“Si lucho contra Guan de nuevo, fingiré ser derrotado, lo mantendré en el puente colgante y le dispararé con flechas”.

Xuan envió a Huang un caballo nuevo para continuar con la lucha. Después de expresar su gratitud a Xuan, Huang se retiró y pensó:

“Guan fue tan justo que no me mató. ¿Cómo puedo dispararle? Pero si no lo mato, violaré mis órdenes”. Huang reflexiono sobre esto toda la noche.

Al amanecer del día siguiente, la gente informó que Guan había estado esperando para luchar fuera de la puerta. Huang llevó a las tropas fuera de la puerta para entrar en combate con Guan.

Como Guan había luchado durante dos días y no pudo derrotar a Huang, estaba un poco ansioso. Pero se mantuvo firme en su misión, se subió al caballo y luchó con Huang.

Después de pelear alrededor de 30 rondas, Huang fingió ser derrotado y huyó. Guan lo persiguió. Huang recordó la gracia que Guan le ofreció al no matarlo el día anterior.

Huang no podía soportar dispararle a Guan inmediatamente. Así fue que Huang tomo el arco pero disparó sin flecha. Al oír el sonido de la cuerda del arco, Guan, instintivamente esquivó, pero no vio ninguna flecha en vuelo.

Guan se apresuró a buscar a Huang y este nuevamente le disparó sin flechas. Así que Guan pensó que Huang no lo mataría y continuó persiguiéndolo sin el debido cuidado por su seguridad.

Cuando Guan se acercó, Huang se paró en el puente colgante, retiró el arco y disparó a Guan con una flecha. Tan pronto como la cuerda golpeó la flecha, ésta fue dirigida a la borla del yelmo de Guan.

Huang Zhong disparó deliberadamente al casco de Guan. (Imagen: vía pixabay / CC0 1.0)

 

El ejército de frente gritó al unísono. Guan se sorprendió, recogiendo la flecha y regresando inmediatamente al campamento militar.

Guan se dio cuenta de que Huang podía disparar con extrema precisión, que sólo le disparó a la borla de su casco, lo que fue una clara recompensa por haber sido salvado por Huang el día anterior.

Xuan ordenó entonces a sus subordinados capturar a Huang. Huang dijo:

-“¡Soy inocente!”

y Xuan respondió furioso:

-“Te he observado durante tres días. ¿Te atreves a mentirme? Fuiste tan egoísta que no peleaste duro anteayer. Ayer te caíste del caballo cuando éste tropezó y Guan no te mató, así que debes haberte apiadado de  él.

Hoy, fingiste dos veces dispararle golpeando la cuerda del arco y la tercera vez sólo le disparaste a la borla del casco. Entonces, ¿cómo puedes decir que no te uniste al enemigo? ¡Si no te mato, me traerás problemas en el futuro!”

Entonces, Xuan, ordenó al verdugo ejecutar a Huang afuera de la puerta de entrada. Los generales le suplicaron a Xuan, quien  respondió:

-“¡Aquellos que me pidan que perdone a Huang serán tan culpables como él!”

Huang debe haber sabido las consecuencias que tendría al no matar a Guan. Pero escogió la rectitud en lugar de su propia vida.

Merecía ser un general famoso en la historia y se comportó como un modelo a seguir para las generaciones futuras.

Entre la lealtad y la rectitud, la rectitud es siempre la elección de la mayoría de los comandantes militares.

Un líder virtuoso puede entender las luchas internas de Huang; pero, desafortunadamente, Xuan era una persona de baja moral, y naturalmente no lo entendió.

Si Xuan hubiese perdonado generosamente a Huang, él le habría sido leal. Pero decir esto ya era inútil; el hecho ya estaba injustamente consumado.

Traducido por Joseph Wu y editado por Helen

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