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Jugar desde la infancia hasta la madurez da felicidad

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Por Lilia Santana Moreno

El juego es vital en muchos aspectos del desarrollo social, emocional e intelectual de niños y adultos, más aún si el juego se da en la convivencia.

Según los expertos, el juego nos hace sentir placer, alegría y libertad. Crea nuevos mundos potenciando  la imaginación, al vez de facilitar el abrirse a la vida y a la creatividad.

La palabra juego viene del latín “iocus” o “ludus” haciendo referencia a algo chistoso, una broma, algo divertido. El acto de jugar proporciona una serie de sensaciones al niño que le van a permitir descubrirse, conocerse y explorar el entorno que lo prepararan para la transición a la vida adulta.

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Según Huizinga, lingüista e historiador, autor de Homo Ludens (hombres que juegan), “El juego se halla en la base de la cultura”, a través del juego el hombre se remonta a una especial dimensión de alegría, a otro mundo donde se muestra la esencia de cada uno en forma libre y espontánea.

Un valor esencial del juego y los juguetes es el de desarrollar y alimentar la imaginación. El juego absorbe a la persona que juega y consigue que se entregue con todo su ser, con todo entusiasmo y toda emoción.

Los niños invierten gran parte de su tiempo en jugar, el tipo de juego se modifica y adapta a la edad y a las preferencias de cada niño.

El juego es un medio de diversión, es una actividad que motiva y estimula la enseñanza haciendo que la vida se vea maravillosa.

Stuart Brown, psiquiatra, investigador clínico, considera que jugar mucho en la infancia hace adultos felices e inteligentes.

A su juicio, gracias al juego se generan nuevas conexiones neuronales en el cerebro y si las personas siguen jugando a lo largo de su vida tienen un 70% menos de probabilidades de padecer, entre otros padecimientos, demencia y enfermedades cardíacas. Según Playcore

Brown indica que hay siete categorías en el juego:

1) El juego compenetrado: reírse juntos, hacerse muecas el uno al otro, jugar a miradas fijas.

2) El juego corporal: dar saltos, mover las caderas, bailar, treparse y hacer otros movimientos.

3) El juego con objetos: juguetear manualmente con un artefacto, construir un modelo, rebotar piedras en el agua.

4) El juego social: juegos de mesa y cartas, deportes en equipo, jugar a “corre que te alcanzo”.

5) El juego imaginativo y de ficción: juego de charadas, juego de roles para diversión, juego a soñar despierto.

6) El juego de narración de cuentos, o narrativo: contar cuentos alrededor de una fogata, escribir poemas o en un diario.

7) El juego creativo: pintar, esculpir, componer música, inventar solo por diversión.

El juego estimula la inteligencia emocional y hace que el cerebro tenga plasticidad, es por eso que siendo adultos podemos, a través del juego, compartir, cambiar y conectarnos con el mundo.

Los adultos tienen que trabajar, ser responsables de la familia, conseguir una casa y cumplir con sus responsabilidades, pero si además de esto, se divierten jugando, la vida y las prioridades en la cotidianeidad cambian.

Hay alegría, se crea una atmósfera idónea para responder ante las vicisitudes de la vida.

No se deja de jugar por ser viejo, se es viejo porque se deja de jugar, decía Bernard Shaw

Cuando los adultos y niños comparten su vida, se enriquecen mutuamente, por ejemplo, la influencia de los abuelos, durante el tiempo compartido en el juego, les hace disfrutar de tal forma que experimentan felicidad mutua y espontánea.

Los abuelos pueden ver fotografías de sus álbumes y comentar recuerdos y anécdotas. Pueden cocinar y decir sus secretos culinarios, enseñar rimas, adivinaciones, trabalenguas e historias, de forma creativa y divertida.

Al dormir o durante el día juegan a contar cuentos y experiencias de tiempos pasados. También pueden plantar y cuidar plantas, enseñar actividades manuales o pintar.

En el tema de tecnologías pueden  manejar una computadora y jugar a quien enseña a quien. También a los padres les ayuda jugar con los hijos, según Guiainfantil.com

Al jugar entre padres e hijos, se fortalecen los lazos afectivos, se tiene la oportunidad de conocer mutuamente, gustos, emociones, sentimientos, pensamientos y habilidades de una forma natural, además de crear un ambiente de creatividad e imaginación.

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