La fortuna en la vida es incierta, pero el castigo en el más allá está asegurado - Vision-Times-en-Español
China, China Antigua

La fortuna en la vida es incierta, pero el castigo en el más allá está asegurado

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Ye Zhuliang, erudito de un pueblo proveniente de una familia pobre en Huaixi, se ganaba la vida como maestro. Un día, un hombre rico llamado Ma, que vivía en la misma ciudad, contrató a Ye para educar a sus dos hijos.

Pronto, Ye se ganó el respeto y el trato amable del Sr. Ma. Para agradecer ésto, Ye hizo todo lo posible por educar a los dos hijos de Ma.

Durante varios años, Ye logró acumular una gran cantidad de dinero. Lamentablemente, el señor Ma que se desempeñaba como subjefe provincial, murió de una enfermedad. Sus dos hijos eran extravagantes y libertinos.

Ye estuvo más que feliz de ayudarlos a vender todo el oro, plata y tesoros, junto con sus campos, todos lo cuales compró para sí mismo.

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Pronto, Ye comenzó a observar desde todos los ángulos, tramando cómo podría obtener todas las propiedades restantes de la familia Ma. Una vez que las obtuvo, Ye dejó a los dos hijos del Señor Ma en una situación miserable, sufriendo en la pobreza.

Ye comenzó a planear cómo podría obtener todas las propiedades restantes de la familia Ma. (Imagen: Richard Weil a través de flickr CC BY-SA 2.0)

Una noche Ye soñó que entraba al infierno. Vio que el Señor Ma estaba de pie frente a un juez, enumerando todos los pecados de Ye, uno por uno. Después de escucharlos, el funcionario se enojó. Decidió que Ye era ingrato con el Señor Ma y como castigo quería sentenciarlo a convertirse en un toro.

Repetidamente, Ye rogaba por perdón diciendo que si se le permitía salir del inframundo, regresaría y devolvería todas las propiedades del Señor Ma y también prometió cuidar bien de los dos hijos de éste.

El juez dijo: “Ya que tienes el corazón del arrepentimiento, te dejaré volver. Pero si no cumples tu promesa, caerás para siempre en el implacable infierno”. Todas las almas que caen en ese lugar han cometido crímenes imperdonables durante su vida.

Al escuchar esto, Ye de repente despertó de su sueño. Le dijo a su esposa: “La gloria y la riqueza que disfrutamos hoy, son de la familia Ma. Incluso si devolvemos toda la propiedad, seguimos siendo ricos. ¿Por qué forjamos animosidad con los dioses y los fantasmas?”

Ye decidió no apropiarse más de la riqueza de la familia Ma. Al día siguiente, buscó a los dos hijos de Ma. Los encontró viviendo en una casa en ruinas, con ropa hecha jirones. Su cocina estaba vacía y la estufa estaba fría. Cuando Ye los vio, no pudo evitar llorar y se los llevó a su casa. Allí les preparó ropa y les dio 130 onzas de plata para mejorar sus vidas.

Unos meses más tarde, Ye devolvió todas las propiedades que había obtenido de la familia Ma. También ayudó a que los dos hijos se ganaran la vida. Uno abrió una casa de empeños y el otro salió a hacer negocios.

Después de experimentar estas adversidades, los dos hijos del Señor Ma se dieron cuenta de la volubilidad y las dificultades de la vida real. Cambiaron y trabajaron duro en sus negocios.

Unos años más tarde, ganaron una gran fortuna. Así que querían devolverle a Ye la propiedad de su padre, con intereses, la que Ye les había comprado y luego devuelto.

Los dos hijos del Señor Ma se dieron cuenta de la inconstancia y las dificultades de la vida real, cambiaron y trabajaron duro en sus negocios. (Imagen a través de pixabay / CC0 1.0)

Sin embargo, Ye se negó y dijo: “Antes era muy pobre. Ahora soy rico gracias al amor de vuestro padre. No es nada. Solo devuelvo su amabilidad. Un día, cuando me encuentre con él en el inframundo, todavía podremos reírnos juntos felizmente”.

Pronto, fue el Festival del Medio Otoño. Ye estaba bebiendo y disfrutando de la luna, borracho, echado bajo la ventana. Con poca luz, le pareció que vio al Señor Ma venir a agradecerle.

Ma dijo:

“Lo que hiciste antes no estuvo bien. Pero mis dos hijos habían desarrollado un estilo de vida extravagante desde su niñez. Si les hubiese dado la propiedad, la habrían desperdiciado rápidamente. Afortunadamente, administraste bien la propiedad para mí. Después de experimentar dificultades, mis hijos se corrigieron y alcanzaron los logros de hoy.

Protegiste mi propiedad con cuidado y atendiste las necesidades de mis hijos. He informado de tu virtud a los funcionarios del inframundo y ellos la han transferido al Emperador del Cielo. Los dioses te bendecirán en el futuro”.

El Señor Ma le agradeció una y otra vez antes de irse.

A partir de entonces, todos los negocios que administraba Ye fueron prósperos. Más tarde, la familia Ma, también se convirtió en una familia de académicos y funcionarios locales.

Traducido por Joseph Wu y editado por Helen

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