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China Antigua, Inspiración

La generosidad de un Rey

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Traducido por  Yi Ming

Una historia de gratitud

Chu Zhuang Wang y el general

Una vez, el rey de Chu, Zhuang Wang, hizo un banquete en el palacio para divertir a sus generales y ganar así una gran batalla.

Todo el mundo estaba de buen humor. Chu Zhuang Wang, incluso le pidió a su concubina favorita Xu Ji que sirviera vino para todos. De repente, una ráfaga repentina de viento sopló y todas las velas del palacio se apagaron haciendo que el palacio quedara a oscuras. En la penumbra, alguien tiró la manga de Xu Ji, e intentó propasarse con ella.

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Xu Ji quitó fácilmente la borla del gorro de aquel hombre. Rápidamente corrió hacia Chu Zhuang Wang y le contó lo ocurrido. Le pidió al rey encender las velas y que detuviese al  hombre.

Sin embargo, Chu Wang Zhuang dijo: “Hoy, los he invitado a todos aquí para que se diviertan, por favor, beban a su gusto y quítense su borla para mostrarme que están  disfrutando”. Entonces, pidió que las velas fueran encendidas de nuevo y todos quedaron contentos.

Tres años más tarde, el Estado de Jin invadió a Chu. El Rey descubrió que un general había tenido un  coraje sin igual. Luchó contra sus enemigos con tal bravura en el campo de batalla que motivó a todos en la tropa. El estado de Chu ganó la guerra.

Después de la guerra, Chu Wang Zhuang llamó al general al palacio y le preguntó: “Yo no recuerdo haberte hecho ningún favor, pero  ¿por qué estabas tan dispuesto a dar tu vida por mí en el campo de batalla?

El general se arrodilló ante el rey y le respondió con la cabeza inclinada hacia abajo: “Su Majestad, hace tres años, me comporté mal durante el banquete. Merecía morir por mi metedura de pata, pero su Majestad no sólo lo dejo pasar, sino que mantuvo también mí dignidad. Me sentí profundamente conmovido y decidí darle a Vuestra Majestad mi vida para pagar su bondad. Esta batalla me dio la mejor oportunidad para mostrarle mi agradecimiento. Su Majestad, yo fui el que perdió la borla del gorro“.

Chu Zhuang Wang y todos los ministros se sintieron profundamente conmovidos.

La moraleja de esta historia es: Si somos capaces de analizar un problema y tratar correctamente los asuntos, con un corazón generoso, podemos transformar una mala acción en una cosa buena.

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