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China, China Antigua

La historia del monje Ji Gong transportando maderas

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Por Sofia y Brad, Kan Zhong Guo Staff

Pozo legendario de donde brotaron los troncos (toma de pantalla)

¿Cómo hizo para transportar 100 maderas en sólo 3 días?

 Ji Gong, originalmente llamado Li Xiuyuan, fue un eminente monje en la dinastía Song del Sur. Se decía que usualmente vestía una sotana harapienta, con un sombrero irregular de monje en la cabeza y una gastada hoja de totora como abanico en la mano. Parecía no ser monje ni laico, pero si parecía estúpido y loco. Tenía grandes poderes mágicos. Sus leyendas de ayudar a otros en peligro y dar alivio a los necesitados han pasado a la historia. Ji Gong se convirtió en monje en el templo Lingyin, Hangzhou. Más tarde, fue expulsado del templo porque el abad estaba celoso de sus habilidades.

Por lo cual, Ji Gong se trasladó al templo Jingci. Un día, el templo se incendio, así como también el salón del gran Buda. El anciano Abad estaba preocupado, sin embargo Ji Gong parecía como si nada hubiera ocurrido y con risitas se balanceaba con alegría.

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El abad lo regañó, “¿cómo podía no mostrar ninguna tristeza por este desastre en el templo?”

Ji Gong dijo, “No tiene sentido estar triste. Sólo necesitamos construir uno nuevo”.

El abad respondió, “es más fácil decirlo que hacerlo. ¿Sabes cuánta madera tenemos que utilizar para construir una nueva sala? ¿Dónde podemos mendigar todas esta limosnas?”

Ji Gong se rió y luego dijo: “Maestro, no es necesario preocuparse. Yo me ocuparé.”

El abad no estaba muy convencido. “Entonces ve a pedir limosna”, dijo.

“Que así sea, pero ahora tengo hambre,” respondió Ji Gong.

El abad suspiró, “Mientras puedas conseguir todas esas limosnas, puedo conseguirte lo que quieras de comer.” Ji Gong entonces pidió un poco licor y carne.

Después de comer, Ji Gong dijo, “Ok, yo me voy. Volveré dentro de 3 días. Espere por mí”. Dio una voltereta entrando en el jarro de licor y desapareció.

Estatua de Ji Gong en el templo Jingci

Ji Gong rápidamente apareció en el monte Emei en Sichuan. Llegó a la puerta de la casa de un noble local y comenzó a golpear ligeramente un pez de madera incesantemente. El noble escuchó los golpecitos y salió a preguntarle, “¿De dónde eres?”

Ji Gong respondió, “Soy del templo de Jingci, en Hangzhou”.

El noble le pregunto, “Usted hizo un largo camino. ¿Por qué está golpeando el pez de madera enfrente de mi casa?”

Ji Gong dijo: “nuestro templo se incendio. Sé que tiene dinero. Tienen mucha madera. Viajé mucho para pedirle algunas limosnas”.

El noble volvió a preguntar, “¿Cuantas quieres?” Ji Gong respondió, “Ni más ni menos, que lo que pueda cubrir mi sotana”.

El noble miró la sotana desigual de Ji Gong y sonrió, “¡Qué monje loco! Esta sotana no puede siquiera cubrir una rama”. Así que, estuvo de acuerdo.

Ji Gong le agradeció, se quito su sotana y la lanzo a una montaña. En un momento, la sotana amplió su tamaño, entonces cubrió la montaña entera. El noble se quedo mudo de asombro no esperaba el monje poseyera tales poderes mágicos. Él tampoco pudo retirar su promesa.

Ji Gong eligió 100 árboles grandes y los derribo. A continuación, los traslado a lo largo del río Yangtse, siguiendo la corriente de agua. Sin embargo, las maderas fueron detenidas en un puesto militar de avanzada, donde el oficial le pregunto por los impuestos.

Ji Gong preguntó, “el río no es suyo. ¿Por qué tengo que pagar impuestos?” El oficial de avanzada, dijo, “todas estas montañas y el agua pertenecen al emperador. Todas las mercancías que pasan por la superficie del agua deben pagar”.

Ji Gong sonrió y respondió, “Ya veo. ¿Eso también significa que las mercancías que pasan bajo del agua no deben ser cobradas, es así?”

El oficial rió y respondió, “la madera solo puede flotar. Si usted tiene el poder para hacer que esas maderas viajen bajo el agua, yo le permitiría pasar”.

Ante estas palabras, Ji Gong pisoteo la balsa de troncos y de inmediato se hundió bajo el agua junto con la madera. Al ver esto, el oficial de avanzada se alejo asustado.

En el templo, el abad comenzó a preocuparse después de esperar más de dos días. Al mediodía del tercer día, Ji Gong de repente corrió hacia el interior, gritando, “¡la madera está aquí! ¡La madera está aquí!”

El abad se apresuró hacia fuera pero no vio nada. Ji Gong tomo de la mano al abad y dijo, “Maestro, venga conmigo”.

Corrieron al pozo frente a la cocina. El abad vio que la madera salía desde dentro del pozo. Luego levantaron alrededor de 60 piezas de larga madera. Cuando el abad consideró que subieron suficientes, no aparecieron más maderas. Esta es la historia de Ji Gong que transporto madera.

Hoy, en el templo Jingci, aún se puede ver ese legendario pozo.

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