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La morbosidad de las ejecuciones públicas – Parte 2

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Por Lin Baogong —

revolucion cultural
Juicios y ejecuciones públicas durante la Revolución Cultural China. (shuxiang.es)

 

Segunda parte del testimonio sobre las ejecuciones públicas ocurridas en China durante la Revolución Cultural

(Lea la primera parte aquí).

Estos recuerdos pasarán al olvido si no los escribo ahora. Estoy decrépito, viejo y con un pie en la tumba y no quiero llevarme estas memorias conmigo. Gracias al desarrollo de la tecnología moderna puedo expresar mis más profundos pensamientos y sentimientos.

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Los residentes de Harbin dirían: “No estés alegre con el llegar de la primavera por que todavía hay cuarenta días más de frío por venir”. Harbin realmente no tiene primavera o si la tiene es muy corta. En otras palabras la primavera es tan fría como un invierno liviano, no muy frío. Entre marzo y junio el monzón ataca con vientos fuertes. Un promedio de 3 días por semana con picos a mediados de abril y mayo; el monzón con violentas tormentas barre el vasto noreste de China sin obstáculos, levantando arena y pequeñísimas piedras en el aire obscureciendo así el cielo.

El viento es tan fuerte que quiebra los árboles jóvenes, hace daño a las casas y caminar en contra del viento impone un verdadero desafío. Hacer fuego para cocinar particularmente en las zonas rurales durante esos días es tabú. Las consecuencias de un fuego serían muy horribles de imaginar, sería más allá de la salvación, por que los techos de las casas están hechos de paja y las chispas que salen de las pequeñas chimeneas fácilmente caen sobre los techos. Los residentes son muy diligentes en cómo manejar las cuestiones de posibles incendios. Se mantenían con los ojos casi cerrados para evitar que la arena entrara a  los ojos.

Generalmente desde finales de marzo a mediados de abril, el hielo acumulado en los cuatro meses empieza a descongelarse en el río Songhua, creando una vista magnificente que atrae un enjambre de gente a las dos orillas. Cuando las aguas se vuelven navegables los barcos emergen en las animadas olas y pronto la ciudad de Harbin de estilo europeo revela su hechizo. A medida que junio avanza, la belleza de la ciudad empieza a desplegarse permitiendo a la gente disfrutar de su temperamento y su sabor a “Paris Oriental” o “Moscú Oriental” como se la llama a Harbin.  Quedándose detrás de los demás a lo largo de las orillas del río en esas tardes frías se veían a las románticas parejas rusas o chinas, de ancianos tomados de la mano o adolescentes jugando en el agua. Como conspirando para formar una pintoresca escena en la puesta de sol. Si uno pudiera ver una foto de Harbin de los años treinta, sin lugar a duda se confundiría con una ciudad europea.

Anarquía comunista

Después que el comunismo tomó el poder, la ciudad cayó en una anarquía con ejecuciones públicas masivas en los parques, estadios, plazas y en las orillas de los ríos. Como resultado sus sitios turísticos, culturales y de recreación se convirtieron en un infierno de terror que mantuvo a los turistas lejos de la ciudad por mucho tiempo. A fines de mayo el monzón muere y los árboles reviven con brotes nuevos anunciando así la estación de los sauces en flor y las mariposas vuelan por todas partes. Recién a comienzos de junio la gente empieza a sentir la presencia de la primavera. Sin embargo en dos semanas la temperatura sube rápidamente empujando a toda la ciudad al calor del verano. Por eso se dice que Harbin no tiene realmente primavera.

Un día a fines de mayo, muchos niños jugaban en la plaza cuando alguien gritó: “¡Ejecución masiva otra vez! ¡Vayan a ver!”.  En ese momento los hombres y niños interesados corrieron al jardín de la calle 20. En cinco minutos vimos una nueva escena, un autobús de prisioneros estaba estacionando a la entrada del jardín y los verdugos salían uno detrás del otro.

Entonces vimos una mujer joven con un vestido azul (como los que se usan en el sur de China con una apertura en la falda llamada cheongsam), medias blancas, y zapatos de tela negra. Ella estaba muy pálida y llevaba cabello corto y desarreglado. Tenía los brazos atados con fuerza y cruzados en la espalda. La parte inferior de su cuerpo –por el frente y detrás- estaba mojada, seguramente con orina debido a la incontinencia, que yo pensé sería de miedo. El autobús partió después que ella lo abordara escoltada por dos oficiales de seguridad pública con uniformes, un hombre y una mujer.

El jardín tenía un tobogán hecho como de granito pulido. Era mi juego favorito. Nunca me lo perdía cuando mi madre me llevaba a ver a los animales en el jardín. Arriba y abajo, arriba y abajo –que enorme placer deslizarse en el tobogán. No se cuántas veces lo hice pero la experiencia se grabó en mi mente. Sin embargo ahora veía cadáveres tirados cerca del tobogán –frescos de la ejecución, completamente desnudos después de que les saqueaban sus ropas y a la mitad de ellos les quedaba media cabeza sobre un chaco de sangre.

El ver con frecuencia las ejecuciones parece haber exaltado y satisfecho muchas de las gratificaciones sensuales en niños y adultos. Estaban entusiasmados de alcanzar a ver el estimulante momento del fusilamiento, la caída de los prisioneros y los endemoniados rasgos en las caras de los verdugos. Las ejecuciones eran gratis y realmente un espectáculo en vivo que apelaba mucho más que una película. Qué clase de mentalidad era esa, quizá nadie lo sepa, pero yo lo atribuyo a una psique mórbida.

Era común escuchar conversaciones cortas entre los mirones acerca del tiempo de arribo, por que siempre había quienes llegaban tarde. “¿Cuándo llegaste?” “Hace un minuto”. “Oh, te perdiste el ….”. Luego el que había llegado temprano se ofrecía a contar lo acontecido en detalle de cómo la mujer joven fingió la ejecución. Nosotros los niños parábamos las orejas a la vívida narración, disfrutando con deleite, como si fuera la función o espectáculo de un narrador profesional.

Ejecución fingida

“Bueno, nosotros vimos a una mujer ser ejecutada hoy”, dijo el narrador. “Debe de haber sido un espectáculo cuando le sacaron la ropa.” Después de una pausa, él continuó: “Ella estaba al lado de este hombre”, apuntando al cadáver desnudo cerca de allí. “El verdugo les ordenó que se arrodillaran. La mujer bajó la cabeza y obedeció. El hombre rehusó, pero de todas maneras se cayó de rodillas cuando uno de los verdugos armados le dio una patada bien fuerte detrás en la pantorrilla. Este hombre, que era realmente astuto, inmediatamente le disparó al hombre quien se cayó al suelo muerto”, dijo el narrador, y después continuó: “La mujer se cayó también aunque no le habían disparado. El verdugo la pateó en los pies gritándole que se parara. Entonces entendimos que había fingido su ejecución. Ella estaba paralizada de miedo y al principio no se podía parar. Yo me preguntaba qué crimen habría cometido, pero encontraremos los cargos al leer los carteles más tarde”.

Rodeado por un círculo de oyentes, incluidos nosotros los niños, el narrador contó lo sucedido mientras que escuchábamos excitados para estar seguros de que no habíamos perdido ninguna parte de lo acontecido. Los oyentes se hacían un tiempo, dejando los cadáveres para inspeccionarlos más tarde. De todos modos, los cadáveres podían esperar, no iban a ir a ningún lado. Fue en ese punto cuando un joven y una mujer se acercaron a donde había otro cadáver tirado en el suelo. Ellos no se veían como gente ordinaria que viniera para divertirse. Primero, del modo en que se conducían, parecían más relajados, lo cual estaba en claro contraste con el estado de nerviosismo en que todos habían estado.

Vestidos con uniformes de los que usaban los servidores públicos en ese tiempo, ellos parecían una romántica pareja, caminando en el parque en tiempos de paz y disfrutando el uno del otro. Lo que se sumó a nuestra perplejidad fue que estaban parados a menos de un metro de uno de los cuerpos. Esto los hizo más interesantes que el cadáver. En ese momento la mujer apuntó al pie de uno de los cadáveres y le dijo al hombre: ¡”Mira! Su pantorrilla está temblando. Dame tu pistola”. Nos quedamos estupefactos por sus palabras. El joven sacó la pistola por debajo de su abrigo, la cargó y se la pasó a su novia, quien precisamente hizo un disparo a la pantorrilla. No sangró, por que la sangre ya había drenado de su cabeza que estaba “quebrada”.

De repente el músculo de la cadera empezó a moverse. La mujer joven dijo: ¡”Mira”! La nalga está temblando”, y rápidamente hizo otro disparo. Pero cuando apretó el gatillo se escuchó un ‘clan’. “No hay más balas. ¿Le puedes poner más balas?”, preguntó ella. Su novio le respondió: “No hay más”. La mujer reclamó a su novio por haber traído tan pocas balas. “Tú quieres hacer más tiros para tu satisfacción. Yo sé. Pero la cabeza de ese hombre está partida en dos. Él no puede pararse en una pantorrilla temblorosa. ¡Vamos! Ya se terminó”. Así la extraña pareja de amantes se fue hablando y riéndose.

Con los temblorosos músculos de la pantorrilla y la nalga impresos en mi mente, la morbosidad y anormalidad que yo no pude entender volvió de repente a mi mente otra vez. En retrospectiva, me imagino que la extraña pareja se debe haber retirado más tarde como altos oficiales, si es que sobrevivieron, y que sus hijos también debieron haber disfrutado de posiciones altas en el gobierno.

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