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China, China Antigua

La prisa nos hace perder

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Traducido por Natashe Huang

¿Por qué Jing Gong terminó llegando a la capital un día después que su carruaje?


El dicho “La prisa produce pérdidas” tuvo su origen en las Analectas, en una conversación entre Confucio y su discípulo Zi Xia.

 Cuando Xia Zi fue designado al condado de Ju del estado de Lu (actualmente provincia de Shandong), fue a ver a Confucio y hablar sobre como gobernar.

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 “Maestro, ¿qué debo hacer para gobernar un lugar?

“La prisa nos hace perder. No debes prestar atención a las pequeñas ganancias que tienes frente a ti, sino concentrarte  en los grandes beneficios que tendrás más adelante”, respondió Confucio.

¿Qué quiso decir Confucio? Al hacer las cosas, no es cierto que ¿entre más rápido, mejor? En realidad, no es así.

Ser rápido no ayuda alcanzar nuestra meta más rápido. Conozco alguien que es muy rápida para hacer todo. Una vez, ella trató de lavar los platos. Ni siquiera se molestó en mirar lo que había allí y llevó  todos los platos sucios a la cocina. Después de haber hecho esto, todo lo que se podía ver era una montaña de platos en el fregadero. Posteriormente, lavó todo rápidamente, incluyendo algunos platos y vasos limpios que estaban ahí. Al final, no sólo los platos sucios estaban grasosos sino que también los trastes limpios se ensuciaron. Prácticamente todos los platos tuvieron que ser lavados de nuevo.

Si hubiese disminuido el apuro, habría hecho un buen trabajo con sólo lavar los platos sucios, no habría tenido que lavar los platos limpios y nadie habría tenido que volver a lavar de nuevo todos los platos.

En otra ocasión, vi a un niño de 3 años de edad, tratando de desenredar una bola de hilo. Debido a que el niño no quería  perder el tiempo en encontrar el principio del hilo, jaló de este y lo enredó más. Por lo que lloró de frustración.

Por supuesto, no somos niños pequeños. Sin embargo, si pudiéramos bajar la velocidad y pensar en la tarea que nos proponemos iniciar, esto nos ahorraría mucho tiempo y energía a largo plazo.

Cuando nos concentramos en ser rápidos, nuestros corazones precipitados pueden complicar las cosas facilmente. Un estado de ánimo tranquilo, nos permite ver la organización fuera del caos y convertir la complejidad en simplicidad.

A uno de mis estudiantes le gusta hacer las cosas más rápido. Él escribe rápido y sus trazos son desordenados. A pesar de practicar más que los otros, sus notas no mejoran. Si prestara más atención a su trabajo y asimilara realmente lo que aprende, progresaría más en sus estudios.

Un invierno, quise ir a la ciudad. Le pedí a mi pequeño ayudante que juntara algunos libros y me siguiera. Cuando llegamos a la orilla del río, el sol estaba a punto de ocultarse. Estábamos a 3 kilometros de distancia de la ciudad. Mi pequeño ayudante le preguntó al hombre del ferri: “¿Podemos entrar a la ciudad antes de que la puerta se cierre?”

El hombre miró a mi pequeño ayudante y le dijo: “Sí, pero sólo si camina despacio y cuidadosamente la puerta seguirá abierta para ti. Pero, si caminas con prisa, la puerta se cerrará”.

Yo me enoje con el hombre y pensé que se estaba burlando de nosotros. Caminé deprisa. A mitad del camino, mi pequeño ayudante tropezó y vio como todos los libros se caían por la calle y lloró. En el momento en que recogió de nuevo todos los libros y los paquetes, la puerta de la ciudad se cerró. Me frustré y recordé lo que el hombre del ferri dijo, lo cual fue muy lógico.

Durante el Período de Primavera y Otoño, el rey de Qi, Jing Gong, era bien conocido por ser bueno y virtuoso. Un día, mientras estaba de gira por el estado, se enteró de que el Primer Ministro Yan Ying estaba gravemente enfermo. Jing Gong estaba muy ansioso por volver a estar con Yan Ying, por lo que ordenó que el transporte fuera más rápido. Sin embargo, estaba tan ansioso que no dejaba de quejarse de lo lento que era el transporte. Incluso tomó las riendas el mismo. Finalmente, Jing Gong abandonó el carro y se fue caminando rápidamente.

Se supo que el rápido caminar de Jing Gong fue en realidad más lento (que el carruaje). Acabó llegando a la capital un día después de lo previsto.

Estas historias nos enseñan que  “la prisa nos hace perder”. Cuando tratamos de hacer las cosas más rápido, es probable que terminemos con un resultado más pobre.

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