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La valiente historia de tres australianos que defendieron Falun Gong

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Protest at Heaven’s Gate (Protesta en la Puerta del Cielo) es un corto documental que relata las luchas de tres australianos que, junto con siete de sus compatriotas, viajaron a China en 2002 para apoyar a los perseguidos practicantes de Falun Gong (también conocido como Falun Dafa) que el Partido Comunista Chino (PCCh) estaba torturando en centros de detención y campos de trabajo.

Con poco más de 18 minutos de duración, la película está dirigida por Jessica Kneipp y Caden Pearson.

La persecución comienza

La historia está narrada por tres australianos, entre los que se encuentran un plomero de Melbourne, su madre y una nadadora olímpica.

La nadadora comenzó a practicar Falun Gong en febrero de 1999 e inmediatamente lo encontró beneficioso. Pero en julio de 1999, el gobierno chino comenzó a atacar a los practicantes de Falun Gong en China continental.

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La persecución fue iniciada por Jiang Zemin en 1999, quien era el líder del país en ese momento.

Estaba celoso de la popularidad de Falun Dafa, ya que había crecido hasta tener más adherentes que los miembros del PCCh.

Los practicantes australianos de Falun Gong se quedaron inicialmente atónitos al enterarse de que sus compañeros de práctica eran perseguidos.

No tenía sentido que un grupo de personas que seguían las enseñanzas de Falun Gong para ser sinceros, compasivos y tolerantes fueran acorralados y arrojados a centros de detención.

En 2001, el plomero y su madre visitaron Hong Kong y hablaron con los locales sobre la situación en el continente y se les dijo que los practicantes estaban siendo sentenciados a instituciones mentales y campos de trabajo por sus creencias.

Inicialmente, los australianos quedaron atónitos al descubrir que los practicantes de Falun Dafa estaban siendo perseguidos. No pudieron entender por qué un grupo pacífico de personas estaba siendo atacado. (Imagen: YouTube / Captura de pantalla)

 

Habiendo descubierto cuán brutal era la persecución, el trío no podía entender por qué los medios de comunicación en su propio país amante de la libertad, no discutían el tema.

Fue entonces cuando decidieron ir a China y organizar una protesta que atraería los ojos del mundo a los atroces crímenes que se estaban cometiendo contra los inocentes practicantes de Falun Gong.

Junto con otras siete personas que compartían sus preocupaciones, el grupo de 10 tomó un vuelo a China.

Protestando contra la injusticia

Cuando llegaron a China, se dieron cuenta de que estaban siendo vigilados de cerca. Incluso el recepcionista del hotel les advirtió que “tuvieran cuidado”.

Fueron a la Plaza de Tiananmen y descubrieron que había guardias con rifles cada tres metros más o menos, lo que complicaría sus planes.

Cuando llegó el día de la protesta, la olímpica se reunió con un reportero australiano en un hotel para contarle su plan. Le advirtió que la seguirían y, de hecho, al salir de la reunión, algunos hombres la siguieron por el hotel.

Haciendo gala de su ingenio, bajó corriendo por una escalera mecánica rota, subió rápidamente a un ascensor hasta el octavo piso, corrió hasta otro ascensor y volvió a bajar hasta el vestíbulo, saliendo corriendo a un taxi y fuera del alcance de sus perseguidores.

Ella tenía que reunirse con los demás en la Plaza de Tiananmen a las 10 de la mañana.

Cuando se encontró con el plomero y su mamá en la plaza, vieron que el resto del grupo ya había sacado pancartas y estaban cantando, en chino, “Falun Dafa es bueno” y “Verdad-Compasión-Tolerancia es bueno”.

La olímpica inmediatamente corrió a unirse a ellos, sosteniendo su propia pancarta y gritando “Falun Dafa es bueno”. Las autoridades actuaron rápidamente. Quitaron las pancartas y comenzaron a arrastrarlos a los autobuses.

El fontanero sonríe a las personas que dicen que la persecución a Falun Gong en China no tiene nada que ver con él. (Imagen: YouTube / Captura de pantalla )

 

Detenidos y demorados

El fontanero y su madre llevaban camisetas amarillas con Falun Dafa escrito en inglés y chino, cubiertas por un abrigo.

Cuando llegaron al centro de la Plaza Tiananmen, se quitaron los abrigos, se sentaron, cruzaron las piernas, crearon la jieyin mudra (gesto de la mano) y comenzaron a gritar “Falun Dafa es bueno”.

La madre fue llevada por la policía a una furgoneta.

Tres policías trataron de levantar al plomero. Pero fallaron. Él contó que estaba “pensando en cosas pesadas”. Dos policías más vinieron e intentaron arrastrarlo.

Sin embargo, permaneció fijo, sentado en la posición de “loto” (piernas cruzadas una encima de la otra).

La policía tuvo que rodearlo y levantarlo por los lados mientras permanecía en la posición de loto, cargándolo de esta forma todo el camino hasta el autobús.

Fueron llevados primero a una estación de policía y luego a un hotel donde fueron aislados en diferentes habitaciones, con oficiales que los interrogaban y les gritaban, incluso a veces les escupían en la cara.

Deportados

Cuando la policía los liberó y estuvieron de vuelta en Australia, recibieron la atención de la prensa que deseaban y pudieron hablar con los reporteros sobre los horrores de la persecución en China y también sobre cómo los trató el PCCh.

No todos entendieron por qué fueron a China a hacer esto. El fontanero dijo que algunas personas le dijeron que la persecución no tenía nada que ver con ellos. Él les contesto que si tenía relación.

Muchos de los productos chinos que compran los ciudadanos australianos en realidad vienen de campos de trabajos forzados, donde se hace trabajar incansablemente a los practicantes de Falun Gong y a otros perseguidos.

De hecho, la película incluye el testimonio en el lecho de muerte de Gao Rongrong, quien comparte un sincero mensaje al mundo sobre cómo ella y otros practicantes de Falun Gong hicieron trabajos forzados en condiciones brutales.

La película termina 17 años después de los hechos, actualmente, con los tres narradores de historias que siguen concientizando en Australia sobre la persecución.

Anticipan un momento en el que el PCCh ya no exista en China y todos los chinos sean finalmente libres de practicar su religión y creencias espirituales bajo un gobierno normal como en otras democracias.

Puedes ver el documental Protest at Heaven’s Gate (Protesta en la Puerta del Cielo).

El video está en idioma inglés por lo que te recomendamos activar la traducción automática. Ver vídeo aquí.

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