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China, China Antigua

Los verdaderos expertos en artes marciales se abstienen de alardear

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Los grandes artistas marciales, con capacidades significativas, no muestran sus habilidades voluntariamente. Incluso cuando son atacados, no usan sus habilidades a menos que sea una cuestión de vida o muerte.

Un granjero es provocado

En la dinastía Qing había un granjero llamado Wang Cui. Wang, un hombre de setenta años, estaba encorvado y usaba una barba larga. Rara vez se le veía bromeando con otros.

El vecino de Wang era un pobre erudito, que a menudo le compraba verduras para su almuerzo. Wang se preocupaba por él y trataba de ayudarlo cuando era posible.

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El erudito supo por otras personas de la aldea, que Wang Cui practicaba artes marciales.

El erudito le pidió a Wang que le enseñara algunas habilidades, pero Wang se negó, diciendo:

“¿De qué sirve? Si no eres lo suficientemente bueno, serás golpeado por otros.

Si eres bueno, puedes matar fácilmente a otros. Es un desastre sin importar quién muera. Entonces, ¿cuál es el punto?”

Unos días después, el erudito vio a Wang Cui en el camino. Podía ver que Wang estaba siendo seguido por un hombre que llevaba un gran garrote y lo empujaba repetidamente con este. El viejo se agachaba para evitar ser golpeado.

El otro hombre no paraba de provocar a Wang, incitándolo a reaccionar, “¿Qué es lo que quieres?” gritó Wang en voz alta. “Sólo quiero pincharte y pincharte. ¿Qué puedes hacer al respecto?“, contestó el hombre con rudeza.

 

Un hombre con un garrote provocó a Wang Cui mientras caminaba por la carretera. (Imagen a través de pixabay / CC0 1.0 )

 

Wang Cui lo ignoró, se dio la vuelta y siguió caminando. El hombre lo provocó nuevamente.

La ira del viejo de repente estalló. “¡Cómo te atreves, bestia!” gritó Wang. El hombre dejó caer el palo y corrió hacia Wang.

De repente, Wang le dio una patada en alto cuando se acercó lo suficiente y el impacto lo alejó considerablemente del viejo granjero. El hombre se levantó y se arrodilló frente a Wang para darle las gracias.

El hombre dijo “Te he estado siguiendo durante diez años y sólo hoy, cuando te aguijoneé insoportablemente, pude finalmente ver tus habilidades y experimentar el poder de las artes marciales de Shaolin“. Entonces tomó el palo y se fue.

El sastre que no se enfadaría

A finales de la dinastía Qing, la técnica de fabricación de pistolas todavía era tosca y rudimentaria. Muchas personas mayores todavía practicaban artes marciales, las que aprendieron desde muy jóvenes para protegerse.

Algunas personas eran valientes y fuertes cuando jóvenes, pero con el paso de los años se habían vuelto dóciles.

En la zona de Hengshan vivía un sastre llamado el Viejo Wang. Sus uñas medían unas cinco pulgadas de largo y eran útiles herramientas para hacer ropa.

Era un hombre de gran corazón y nunca se enojó con las personas o por las circunstancias.

El Viejo Wang tenía un vecino adolescente que se sentía enojado por él. El adolescente le comentó “Anciano, eres demasiado débil.

En términos generales, debes ser respetado por tu vejez. ¿Cómo puede la gente acosarte de esa manera? Si yo fuera tú, no lo soportaría y lucharía contra ellos“.

El viejo sonrió y en cambio respondió “Aguantarlos está bien para mí. Después de todo, el ojo por ojo no sirve de nada“.

Un día, Wang planeó descascarar arroz. Puso el mortero en el patio e hizo el descascarado allí. Cuando terminó, vio que aún quedaban trozos de arroz en el mortero.

Entonces, para quitarlos, llevó el pesado mortero de piedra a su pasillo. El joven vecino vio esto y se quedó atónito y asombrado por la facilidad y el poder que el anciano había mostrado.

Wang movió fácilmente el pesado mortero de piedra a su pasillo, asombrando a su joven vecino. (Imagen a través de pixabay / CC0 1.0 )

 

Había otro joven en el barrio que se llamaba Xiao San. Este joven era muy astuto, así que cuando se enteró de que Wang tenía una fuerza hercúlea, y para enfurecerlo y hacer que se defendiera decidió romperle sus largas uñas.

Una noche, bajo una luna brillante, el astuto joven dibujó con carbón un par de tijeras en la puerta de Wang. Cuando Wang abrió la puerta y vio las tijeras, usó su mano para cogerlas por instinto.

Como resultado, se rompió dos de sus uñas.

Cuando Wang se dio cuenta de que se había burlado de él, se rió de sí mismo.

Más tarde se le dijo que Xiao San era el responsable, pero el Viejo Wang no se molestó porque su corazón era demasiado grande para aferrarse a cosas tan insignificantes y no demostró sus poderes.

Traducido del Chino por Cecilia y editado por Helen

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