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Organización en el hogar: un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar

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En la vida, uno trata constantemente de poner algún tipo de orden para facilitar el día a día.

Es increíble cómo unas simples reglas fundamentales de organización pueden hacer que tu vida sea mucho menos complicada.

Mucha gente dedica gran parte de su tiempo a buscar cosas que a menudo se encuentran “delante de sus narices”.

Es importante adoptar una regla fundamental – “Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar”- con esta manera puedes hacer las cosas mucho más fáciles para ti y tu familia.

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Si observamos a la mayoría de las personas con éxito, tanto en el ámbito profesional como en el personal, son casi radicales a la hora de asignar un lugar para cada cosa.

Esto puede ilustrarse en la cocina de un gran chef o en el garaje de un mecánico.

Observaras que cada utensilio o herramienta fue colocado para facilitar un alto nivel de eficiencia lo cual conservan con fanatismo y dedicación.

A continuación te ofrecemos algunos sencillos consejos que te ayudarán a eliminar el caos en tu espacio de trabajo o en tu casa.

Identificar las zonas de desorden

Poner en práctica tu capacidad de observación es fundamental.

Hay ciertas “zonas de peligro” en tu espacio de trabajo o de casa que se convierten en “puntos de depósito de desorden por defecto”.

Se trata sobre todo de superficies planas y abiertas, como la mesa del comedor, la cama, los cajones del salón y la zona que los rodea, las encimeras de la cocina, el espacio que rodea al fregadero, entre otras.

Una vez que hayas identificado estas zonas de peligro, concéntrate en mantenerlas despejadas en todo momento como prioridad principal.

Cuando hayas identificado estas zonas de peligro, céntrate en mantenerlas despejadas. (Imagen: Pxhere / CC0 1.0)

Crea puntos designados

Todo tiene su espacio y lugar.

No cedas a la tentación de dejar caer las cosas sobre el mostrador tan pronto como entres a tu casa.

Asigna un “lugar” para cada cosa, y asegúrate de que una vez que algo sale de tu mano, llegue a su lugar.

Al principio podrá resultar difícil, aún así persiste y resiste el impulso de dejar caer las cosas en el lugar al que no pertenecen.

En un par de días te encontraras fluyendo y podrás decir adiós a perder la mitad del día “buscando las llaves”.

Haz que transición de una tarea a otra sea ordenada

Hay una pequeña zona resbaladiza entre el punto en el que  terminas una tarea y te pones a hacer otra.

Se trata de una zona de transición en la que te deshaces de los objetos implicados en una tarea y tomas otros objetos para tu nueva tarea.

Asegúrate de limpiar el desorden asociado a la primera tarea antes de empezar la siguiente.

Por ejemplo, si has estado lavando los platos y, cuando terminas, te das cuenta de que tienes que ir corriendo a la tienda. Asegúrate de que los platos lavados no se queden apilados junto al fregadero. Colócalos en su lugar de almacenamiento antes de comenzar una nueva tarea.

El juego de las etiquetas

Poner etiquetas para identificar el lugar de cada cosa puede ser algo útil y divertido.

Aún así para los no iniciados, en este punto hay que tener cuidado. Se trata de un ejercicio extremadamente adictivo una vez que se empieza a hacer.

Si la idea de conseguir una etiquetadora te parece descabellada, puedes empezar con algunas etiquetas en blanco y contenedores viejos.

Una vez que comiences a ver las cosas bien etiquetadas y en su lugar, se van a quedar así de por vida.

Evaluaciones periódicas

Imagina que tu espacio de trabajo o tu casa es una máquina que hace funcionar tu vida.

Establece un intervalo de tiempo entre las evaluaciones periódicas para “revisar” tu sistema.

Imagine su espacio de trabajo como una máquina que hace funcionar tu vida. (Imagen: Pixabay / CC0 1.0)

Las personas evolucionan, las situaciones cambian y es posible que tengas que reorganizar las cosas o reasignar los espacios para las cosas que utilizas de forma diferente o en un lugar distinto.

Por ejemplo, puede que te resulte más cómodo tener esa mesita junto al sofá del salón que junto a la cama cuando empiezas a trabajar desde casa. De este modo, las cosas se mantienen racionalizadas y prácticas.

Recuerda que los pequeños cambios marcan una gran diferencia. No hace falta que modifiques tu vida de golpe y al primer intento.

No emprendas proyectos ambiciosos que aplasten tu espíritu antes de empezar. Empieza por recoger la mesa y sigue con otra pequeña tarea.

Las cosas empezarán a fluir cuando se invierta tiempo en desarrollar un hábito.

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