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China, China Antigua

Uno cosecha lo que siembra

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Es costumbre que los chinos vayan a los templos al comienzo de un nuevo año.

Los templos populares están repletos todo el día con multitudes que están ansiosas de encender incienso y rezar por un buen año venidero.

Sin embargo, no fue así durante el período de la Revolución Cultural, en el que muchas estatuas budistas históricas y muy respetadas fueron destruidas imprudentemente por los guardias rojos.

Un bloguero compartió recientemente la noticia de la retribución por destrozar estatuas budistas que escuchó durante una visita a un templo.

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El grupo de guardias rojos que fueron responsables de tales actos destructivos llegó a su fin.

En estos años desde la destrucción maliciosa, algunos se volvieron locos, otros quedaron discapacitados, otros murieron de forma no natural y otros murieron a tiros.

Había un guardia rojo en particular cuya historia fue compartida en detalle

Los artefactos fueron destruidos mientras los individuos eran procesados durante la Revolución Cultural. (Imagen: Dominio Público)

 

Historia de un guardia rojo

Este guardia rojo en particular se unió a otros 30-40 guardias y milicianos para destrozar el templo y todos estaban allí al comienzo de la Revolución Cultural.

Durante la década de 1990, él, su hija y su yerno se dedicaron a la logística y ganaron mucho dinero con ello.

En 1997, su única hija, después de años de infertilidad, finalmente dio a luz a un niño. En 1998, la pareja trajo a su hijo para recoger la carga de otra provincia.

Mientras esperaban para el pesaje, su hijo estaba sediento por el calor. La madre salió del camión con él para comprar unos tragos.

La fila de camiones en espera comenzó a moverse poco después.

El padre, siendo el conductor, tenía la intención de moverse junto con el tráfico. Tan pronto como el camión estaba en movimiento, se produjo un feo ruido de choque.

Cuando salió a revisar, encontró a su hijo yaciendo debajo de las ruedas.

El guardia rojo era el único hijo de la familia y sólo tenía una hija. Tener un yerno era su forma de pasar el apellido. Sin embargo, su esperanza fue destruida cuando su nieto murió en el accidente.

 

Guardias rojas destruyendo artefactos culturales. (Imagen: Dominio Público)

Uno cosecha lo que siembra.

El amargo fruto de la línea ancestral rota, fruto de los actos maliciosos que la guardia roja llevó a cabo en el templo hace 40 años, era ahora suya para disfrutarla por el resto de su vida.

Traducido por Cecilia

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