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Vendarse los pies como un ideal de belleza y sus consecuencias

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Vendarse los pies era una antigua costumbre que adoptaron las mujeres en China, esta consistía en envolverse los pies con una tela imitando la forma de media luna, con el objetivo de modificar su forma natural y hacerlos más pequeños y atractivos.

La tradición comenzó en el siglo X y existió hasta principios del siglo XX. Las mujeres se vedaban los pies por consentimiento propio en busca de aprobación social y estatus, cabe aclarar, que las  consecuencias de esta práctica derivaron en numerosas complicaciones a la salud.

Antigua tradición

Se cree que la costumbre de los pies vendados comenzó durante la época del emperador Li Yu, de la dinastía Tang, del Sur.

En una ocasión el emperador pidió a una de sus concubinas que se envolviera los pies con una tela de seda blanca, imitando la forma de una medialuna, y que luego realizara una danza similar al Ballet, de esta manera los pies apuntaban a la superficie.

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Este baile tuvo buenas repercusiones en el público presente y en poco tiempo esta costumbre fue adoptada entre las mujeres de la clase alta China y parte del público, convirtiéndose en símbolo de belleza femenina.

Esta práctica fue desapareciendo a principios del siglo XXI en la década de 1900, luego de la caída de la dinastía Qing.

Consecuencias para la salud

El vendaje de los pies, desplaza el peso corporal a la parte inferior del mismo, lo que provoca dolor en la región pélvica.

Los pies se vendaban desde una edad temprana, modificándose así su forma de manera permanente, esto obligaba a las mujeres a caminar en una postura encorvada, lo que provocó el deterioro de su desarrollo óseo.

Con este vendaje las mujeres chinas desde niñas, al caminar, se veían  obligadas a dar pequeños pasos, balanceando sus cuerpos, de lado a lado para poder avanzar, este movimiento era considerado atractivo.

A medida que las mujeres envejecían les resultaba más difícil mantener el equilibrio al estar de pie, con el riesgo de que sus caderas se quebraran.

 

Dado que los pies estaban atados desde una edad temprana, la práctica obligaba a las mujeres a caminar en una postura encorvada y su desarrollo óseo se deterioró. (Imagen: captura de pantalla / YouTube)

Otro de los problemas de esta práctica fue la infección que causaba. Una vez que los pies eran vendados se mantenían así durante todo el desarrollo de la vida de la mujer, de esta manera, los pies no tenían espacio para su crecimiento natural, haciendo que los dedos se curvaran hacia dentro y las uñas como consecuencia crecían dirigidas hacia la planta del pie.

Para lograr que los pies parezcan lo más pequeños posibles, y de esta manera ser más “atractivos”, algunas personas solían colocar objetos cortantes dentro de las fijaciones de los pies, a fin de provocar una infección y poder extirpar los dedos.

Estudios Científicos

Un estudio científico analizó las consecuencias negativas del vendaje de los pies en mujeres mayores de 70 años.

“El 38% de las mujeres de 80 años o más y el 18% de las mujeres de 70 a 79 años, no solo tenían deformidades en los pies vendados, si no que también tenían más probabilidades de caerse, eran menos capaces de ponerse en cuclillas y de levantarse de una silla sin ayuda.

El estudio encontró que estas mujeres poseían un 14.3 por ciento menos de alcance funcional, (una prueba de equilibrio), y una densidad ósea de la cadera un 5.1 por ciento menor a lo normal”.

Modelos de belleza

Mientras que en China el modelo de belleza era tener los pies vendados, en Occidente la belleza femenina venía de la mano de los corsés.

En Europa, a partir del siglo XVI, los corsés, se hicieron muy populares. Este nuevo ideal de belleza femenina tenía por objetivo hacer que la cintura se viera lo más delgada posible, sin embargo en el siglo  XIX, los corsés se volvieron problemáticos para las mujeres, ya que eran cada vez más ajustados, dificultando la respiración y siendo extremadamente incómodos.

Occidente tenía su propio ideal de belleza femenina dañina: los corsés. (Imagen: Fundación de Folklore del Peloponeso a través de wikimedia CC BY-SA 4.0)

Esta práctica a fines del siglo XXI comenzó a tener opiniones negativas por parte del público, incluso hubo grupos organizados que salieron a protestar en contra de esta prenda.

En 1908, se publicaron radiografías de mujeres que llevaban corsés, que mostraban los efectos nocivos de estos para la salud, por ser muy ajustados. En la década de 1920, los corsés pasaron de moda y el enfoque comenzó a cambiar a prendas más cómodas.

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